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Solo sé que me gusta

-Que te pido fulanito, ¿Un vino?

-No, no, yo no tomo gracias, me gusta mucho y a veces me sirvo una copa cuando mi padre toma en casa, pero yo no tengo ni idea de vino.

-Pídeme una caña, gracias.

Si tuviéramos un sistema para detectar estos argumentos granujas que a menudo se pronuncian en los bares, terrazas o casas de amigos, nos quedaríamos sorprendidos del número de veces que se repiten estas situaciones a lo largo del día. Yo personalmente, soy testigo de muchas, incluso siendo mis amigos protagonistas de estas siniestras actuaciones, en las cuales, me dan muchas ganas (alguna vez no he podido controlar mis impulsos) de tirar de freno de mano en la conversación y decirle al fulanito de turno, y siempre con todo el respeto, admiración y cariño que tengo por mis amigos, (pues no soy quien para decirles con que deben o no deben remojarse el gaznate): ¿Acaso tienes un doctorado en cerveza de trigo? ¿Eres experto catador en cervezas Lager? ¿Quizás sabes diferenciar entre una ginebra Old Tom o una Navy Strenght?

Es evidente que hay un porcentaje significativo de jóvenes que no prueba el vino, es más, ni se plantean la posibilidad de hacerlo, y no porque no les guste, les parezca que tiene demasiada graduación alcohólica, o les parezca caro, cuando salen a divertirse y  tomar algo, no piden una copa de vino, simplemente porque desde que tienen uso de razón, de una manera u otra, han identificado el vino como la bebida más sofisticada, complicada y abstracta que nos puede ofrecer un camarero en una terraza, y sin faltarles la razón en lo que al vino se refiere, creen, que al tomarlo, olerlo o al abrir la boca para soltar un apunte sobre lo que están tomando, su comentario u opinión debe ser también abstracto, complejo y sofisticado, creen que la persona que les atienda, va a servirles la copa de vino con unos cacahuetes, unas aceitunas y un examen tipo test sobre el vino que les acaba de servir, con 4 opciones de respuestas, respuesta múltiple, las erróneas restan 0,3 y las no contestadas 0,25 y un tribunal formado por los mejores enólogos del panorama nacional les van a hacer preguntas sobre los aromas y matices que hayan encontrado en la copa de vino que acaban de beber.

Que el mundo del vino está envuelto de una cantidad desmesurada de parafernalia, farsantes, (y no farsantes), gurús, entendidos de todo tipo y vinos de todos los colores, olores y sabores es cierto, y que una Coca-Cola Zero, un botellín de cerveza o una naranjada, dan para lo que dan por mucho que los remuevas, los mires a contraluz o los bebas a sorbos pequeños con cara de interesante también.

 

Debemos probar a tomar una copa de vino cuando salimos con los amigotes en vez de tanto frio zumo de cebada, debemos quitarnos el lastre que en ocasiones nos han vendido de que el vino solo es rico o es compatible si lo tomas con una perdiz escabechada con salsa de setas, puerros rellenos de jamón serrano y virutas de trufa y foie, el vino es una auténtica maravilla con una hamburguesa, con una pizza a domicilio que te pidas ese día que no te apetece cocinar, con la sopa de fideos de tu madre, o con la tarta de chocolate y galleta que hace tu abuela y que tanto te gusta.

One thought on “Solo sé que me gusta

  1. Mónica Haro Porres dice:

    Muy de acuerdo con lo que dices, un buen vino, una buena compañía y a disfrutar. Sin más complicaciones. Y si es con la tarta de galleta y chocolate que tan buenos recuerdos me trae, inmejorable!

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